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¿Por qué el mejor experto no siempre es el mejor capacitador?

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¿Por qué el mejor experto no siempre es el mejor capacitador?

¿Por qué el mejor experto no siempre es el mejor capacitador?

En muchas organizaciones ocurre la misma escena.

Se identifica a la persona con más experiencia del equipo, la que domina los procesos, resuelve problemas complejos y conoce cada detalle de la operación. Entonces surge una decisión aparentemente lógica:

«Que él imparta la capacitación.»

Después de todo, si es el experto, seguramente podrá enseñar a los demás. Sin embargo, esta es una de las creencias más extendidas y, al mismo tiempo, uno de los errores más frecuentes en la gestión de la capacitación.

Saber hacer no significa saber enseñar

Ser experto en una actividad y ser capaz de transmitir ese conocimiento son habilidades completamente diferentes.

  • Un excelente programador no necesariamente será un buen instructor.
  • Un gran supervisor no necesariamente será un buen coach.
  • Un especialista técnico no necesariamente sabrá estructurar una sesión de aprendizaje efectiva.

La experiencia proporciona conocimiento; la enseñanza requiere habilidades adicionales.

Un capacitador efectivo debe ser capaz de:

  • Comunicar conceptos de forma clara.
  • Adaptar el lenguaje al nivel de los participantes.
  • Mantener la atención del grupo.
  • Identificar dudas y obstáculos de aprendizaje.
  • Dar retroalimentación constructiva.
  • Diseñar actividades prácticas.
  • Evaluar si realmente se logró el aprendizaje.

Estas competencias rara vez se desarrollan de manera automática únicamente por acumular años de experiencia.

¿Qué sucede cuando asignamos a un experto sin habilidades de capacitación?

Las consecuencias suelen ser visibles rápidamente:

  • La información se vuelve confusa y el experto domina tanto el tema que da por hecho conocimientos que los participantes aún no tienen. Como resultado, explica demasiado rápido o utiliza conceptos demasiado técnicos.
  • Se genera frustración: Los colaboradores sienten que no entienden el contenido y evitan participar por miedo a equivocarse.
  • La capacitación pierde efectividad. Aunque se inviertan horas en sesiones, el conocimiento no se transfiere correctamente y los errores operativos continúan apareciendo.
  • Se desperdician recursos. La empresa invierte tiempo, salarios, espacios y esfuerzo en una capacitación que no genera los resultados esperados.
  • Se afecta la percepción del aprendizaje ya que los participantes comienzan a asociar las capacitaciones con actividades poco útiles, largas o difíciles de entender.

La capacitación no debe improvisarse

Cuando una organización improvisa sus procesos de formación, suele enfocarse únicamente en responder una necesidad inmediata:

«Necesitamos que alguien les enseñe esto.»

Pero una capacitación efectiva requiere mucho más que elegir a una persona para hablar frente a un grupo: requiere planeación, requiere metodología y, sobre todo, requiere una estrategia alineada con los objetivos de la organización.

El papel estratégico de Recursos Humanos

Aquí es donde Recursos Humanos deja de ser un área administrativa para convertirse en un facilitador del desarrollo organizacional. La gestión de la capacitación debe comenzar mucho antes de programar una sesión.

  • Diagnóstico de necesidades Antes de diseñar cualquier capacitación es necesario identificar qué conocimientos, habilidades o competencias necesitan fortalecerse. No todo problema operativo se resuelve con capacitación, en ocasiones el origen está en procesos deficientes, falta de herramientas o problemas de liderazgo.
  • Definición de objetivos. ¿Qué se espera lograr? Reducir errores, mejorar productividad, desarrollar liderazgo, fortalecer competencias técnicas. Los objetivos deben ser claros y medibles.
  • Diseño del contenido. El temario debe responder directamente a las necesidades detectadas y al nivel de conocimiento de los participantes.
  • Selección del instructor adecuado. Este punto es fundamental, la elección no debe basarse únicamente en quién sabe más del tema, sino en quién tiene la capacidad de facilitar el aprendizaje. En algunos casos será necesario desarrollar habilidades de instrucción en expertos internos y en otros, será más conveniente apoyarse en especialistas externos.
  • Evaluación de resultados. Una capacitación exitosa no se mide por la cantidad de asistentes o por las horas impartidas, se mide por los cambios observables en el desempeño, la aplicación práctica del conocimiento y el impacto en los resultados del negocio.

Conclusión

Las organizaciones suelen cometer el error de pensar que el conocimiento y la capacidad de enseñar son equivalentes. No lo son. Los expertos son fundamentales para transmitir experiencia y conocimiento técnico, pero las habilidades de capacitación, coaching y transferencia de conocimiento también requieren formación y desarrollo, por ello, la capacitación no debe ser una actividad improvisada ni una responsabilidad asignada al azar.

Cuando Recursos Humanos lidera el proceso desde el diagnóstico de necesidades hasta la selección del instructor y la evaluación de resultados, el aprendizaje deja de ser un evento aislado y se convierte en una verdadera herramienta de crecimiento para las personas y para la organización.